1º Cuento de la serie "Positivismo"
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UNA RESTAURACIÓN IMPREVISTA

rápidamente decidían
marcharse con caras desilusionadas, sin mediar explicación y dejándolo en la
estacada.
Era evidente, no había otra manera de conquistarlas, -Esto se puede
arreglar- se decía - Con una buena decoración- Acudiría a un profesional con
experiencia y seguro que con unos toques mágicos… cambiaría su situación. Les
impresionaría con su último modelo en la escala. Luego las llevaría a su nido
de amor y… ¡Ummm! ¡Qué
gozada! Sin pensárselo más, obviamente
llamó al de más fama... según su opinión y horas más tarde sonaba el timbre -¡No
puede ser!- se dijo, y dirigióse a la puerta abriéndola con cierta
incredulidad. Allí, en el umbral, un hombre enjuto y de discreta elegancia:
-Buenas tardes caballero ¿me hace el honor?-
Juan impresionado por la rapidez en que se había atendido su llamada, se
dispuso a hacerle pasar sin vacilar. Su interlocutor, agradecido, trata de
emprender una conversación que es silenciada.
-Dejémonos de preámbulos y vayamos a la cuestión ¿qué sugiere Vd. que a mi
carácter le vaya?-
Con gesto de desconcierto, pues nunca nada semejante oyó… titubeando le
contestaba:
-Quizás unas flores de especie variada, unos candelabros de estilo rococó y…
la madera podría ser de ébano tallada por manos artesanas…-
-¿No le parece que contrasta mucho con mi verdadero “yo”?-
Ante la petulancia de Juan, el visitante le respondía:
-No lo crea, su Ego se verá realzado ocasionando gran impresión.-
-Está bien, me fío de sus palabras.-
-¡Por supuesto! ¡Vd. no puede confiar en otro mejor!-
-Y… ¿tardaría mucho en prepararlo para que quede con elegancia?-
-Una vez se tenga el certificado médico, no habrá complicaciones.-
-¡¡Ah!! ¿Pero hace falta el certificado médico en estas circunstancias?-
-Por supuesto, es imprescindible ante esta gestión, no lo dude-
-Está bien, vaya agilizando lo necesario… pues es de gran importancia.-
-No pensé que fuese tan grave su situación-
-Gravísima, mi moral está masacrada.-
-Nadie lo diría, tiene Vd. tan buen color…-
-Gracias, loables son sus palabras, y…¿a cuanto ascendería esta factura?-
-Pues… dada la gravedad de su premura… podría darle la cuantía con cierta
precisión.-
-El hombre sacó de su maletín la factura en la que sin vacilar apuntó los
costes de todo lo tratado hasta el último detalle y muy resuelto se la entregó a
Juan.
Cuando cogió aquella hoja entre sus manos firmes y seguras, las mismas
comenzaron a temblar sin medición, sus ojos parecían salirse de las orbitas, y
su rostro… su rostro por momentos palidecía y… es que… en su membrete, con
letras rimbombantes, podía leerse:
“Funeraria Eterno Descanso” a su disposición.