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domingo, 19 de octubre de 2014

NOVIERÍAS (De la serie "El Cortijillo" Por Francisco Quirós "Pacurro")

Artículo XIX de la serie "El Cortijillo"
(Foto Rosa Estorach)
 
 
                                                                                                  NOVIERIAS

Aunque el término “Noviería” no está recogido por el Diccionario, al ser una expresión popular y conocida me he tomado la licencia de utilizarlo a modo de título. Dicho esto voy a confrontar los noviazgos de los años cincuenta, sesenta y parte de los setenta con los del siglo XXI. Lo hago desde una óptica muy personal y de manera desenfadada, por supuesto que ni antiguamente ni ahora existen dos relaciones iguales, ni el que suscribe es un experto ni mucho menos en esas lides.

Todo comenzaba, bien que el hombre invitara a bailar a la señorita en cualquier baile público o particular, por cierto para tales evento con un acordeón y su correspondiente acordeonista bastaba (un tal Carpito es aún recordado) o solicitarle un paseo en la calle Real, una vueltecita como era conocida, ella por muy deseosa que estuviera al principio se negaría, él era consciente que tenía que insistir hasta me temo que de no hacerlo podía formarse una opinión equivocada. En la actualidad todo se puede entablar en una discoteca o un disco-bar, la iniciativa perfectamente puede arrancar de la mujer e ir directamente al grano, “oye tío me invitas a una copa”....
 




Al segundo o tercer domingo de pasear venía la invitación al cine, por supuestísimo acompañada de sus amigas, que no se le ocurriese asistir al cinematógrafo sin acompañamiento, hasta que la relación tuviese carácter formal, es más en ese periodo se cuidaría mucho de no ser vista por su padre, era muy importante casi vital contar con las habladurías de las gentes, una mocita decente tenía que cuidarse ella sola, para eso había sido educada. Ahora desde el primer día puede existir relación, no hay impedimentos ni perjuicios sociales, el qué dirán importa un bledo, me molas te molo, pues al grano.

Primitivamente se buscaban los encuentros ocasionales, aprovechando el turno de espera en la fuente, al salir de compras a las diferentes tiendas , o cualquier pretexto para charlar un poquito y poco a poco ir consolidando el noviazgo, lenta pero seguramente , el siguiente paso , a cierta hora de la noche no muy tarde el acudía a la esquina más cercana, ella esperaba impaciente, la madre advertía si te quiere que le pida la entrada a tu padre no le gusta que estés tirada en la calle sentenciaba (tirada cuando cien ojos vigilaban). Ahora no hacen falta excusas ni pretextos para los encuentros, simplemente quedamos, me mandas o te mando un WhatsApp , nos vamos un fin de semana por ahí, ¿la opinión de los padres?, ellos no tienen porque opinar , ver, oír y callar, es lo que toca.

 
Había que darle carácter formal a la relación para ello era requisito casi indispensable la entrevista, aspirante a novio padre de la novia. Era un trago, el pretendiente lo pensaba con mucho detenimiento, no encontraba el momento, hasta que con un par de copas (no hay que olvidar que el alcohol es deshinvidor) pasaba la tragantada. Tras las consabidas frases “Estoy saliendo con su hija” “Vamos en serio” “Le pido permiso para entrar en su casa, el padre tomaba una postura solemne, con frases como,” Lo único que te pido es que respetes mi casa”. “Que no vengas a pitorrearte de mi hija”, en la mayoría de las ocasiones era muy bien acogido, a partir de ese día casi todas las noches por no decir todas, la visita era obligada. Ella tenía dos sillas preparadas en un lugar discreto de la casa (si la vivienda reunía condiciones que eso es otra), eso sí siempre bajo la atenta vigilancia de la madre, de la tía solterona, del hermano pequeño, de la vecina que vivía sola que acudía al calor de la lumbre y de un galgo de cacería propiedad del patriarca de la casa. Hoy día no hay autorización que valga, la entrada desde el primer momento es franca, ni permiso ni nada que se le parezca, es más se apoderan del mejor lugar del sofá y lo peor de todo del mando de la televisión, el padre o se va a la cocina o a la cama, ¡Papá no seas antiguo, que eso no se lleva! , frase lapidaria si al bueno del hombre se le ocurre hacer alguna objeción.
 
Antaño bastaban unos cuantos paseos, una visita al cine y poco más para que el término novios tuviese validez. Hoy es utilizado cuando llevan dos o tres años conviviendo, una hipoteca en común y un hijo fruto de la relación, hasta ese momento son simplemente amigos, con derecho a roce añadiría yo. Una vez formalizada la relación la mujer quedaba condicionada, si por cualquier causa el varón estaba ausente, servicio militar, trabajo fuera de la localidad u otras, ella debería quedarse en casa aguardando su regreso, en la actualidad tal situación es impensable

¿Cual es la mejor, con cual se quedarían? , cada una en su momento, la vida evoluciona, las costumbres cambian, la relación entre las personas varían, las “novierias” no iban a ser una excepción.

Aparentemente los noviazgos de antes y los de ahora pueden parecerse lo que una castaña a una pelota de tenis, pero hay un elemento en común a las dos, no es otro que el amor, el amor es único, se mantiene incombustible, inmutable, inalterable, indestructible, a lo largo del tiempo, no tiene edad, ni color, ni religión, se incrusta dentro de la personas cambiándolas radicalmente, hace sentir mariposas en el estómago, nubla los sentidos, varía la percepción de la realidad, a los bravos los vuelve mansos, a los temerosos osados, a los tristes los convierte en alegres y mil cosas más....

Finalizo con la cita de Platón sobre el amor

“Aquel a quien el amor no toca, camina en la oscuridad”

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