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sábado, 5 de marzo de 2011

CANDIDATO (Por José Antonio Hernández Guerrero)

Durante los intensos y largos meses de precampañas y de campañas electorales, los medios de comunicación y las conversaciones sobre política van a repetir, de manera insistente, la palabra "candidato". Opino que el conocimiento del origen y del significado de este término nos puede resultar clarificador. "Candidato" es un vocablo derivado de "cándido" que, como muchos saben, significa "blanco", como la leche o como la nieve; "simple", como el trigo "candeal" con el que se elabora el pan blanco; "sencillo", como el niño que desconoce los artificios engañosos de la vana palabrería; "noble" y de buena fe, "sin malicia" y "sin doblez". El origen etimológico de esta palabra es el verbo latino "candere" que tiene dos sentidos complementarios: ser blanco y ponerse incandescente, arder.
"Candidatos" son los hombres o las mujeres "cándidos" y "candorosos": esos seres humanos que, con generosidad, se ofrecen a su pueblo como portadores de la antorcha; son los ciudadanos que, con sus palabras sinceras, con sus gestos transparentes y con sus comportamientos coherentes, expresan que están limpios por dentro; proclaman que poseen candor y buena fe; muestran que no utilizan los juegos ventajistas ni los trucos. "Candidatos" son, además, los ciudadanos audaces y valientes que difunden, como el fuego o la candela, el calor de la esperanza ilusionada, el vigor de la generosa entrega, la fuerza del amor entusiasta, -el entusiasmo de los amantes, de los héroes, de los mártires o de los poetas-.
El "candidato" es ese candil que nos alumbra y nos calienta, el faro que nos orienta y nos estimula, el astro que, en las noches limpias, nos ilumina y nos empuja. En Roma a los ciudadanos que pretendían ocupar los cargos o los oficios de la República, se les llamaban "candidatos" porque se presentaban ante el pueblo vestidos con una elemental y sobria toga blanca.
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