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miércoles, 25 de noviembre de 2009

25 DE NOVIEMBRE, DIA INTERNACIONAL POR LA NO VIOLENCIA CONTRA LA MUJER


En el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, celebrado en Bogotá, en Julio de 1981, surge la propuesta de hacer el 25 de noviembre un día de reflexión y denuncia contra las diferentes formas de violencia que sufren las mujeres. En esa fecha, 1960, en la República Dominicana, las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, opositoras al dictador Rafael Leonidas, habían sido asesinadas por él. En el mencionado encuentro de Bogotá se hizo el compromiso de impulsar en los respectivos países la celebración de esa fecha.

Posteriormente, en la Conferencia Internacional de la Mujer organizada por Terre de Hommes (R.F.A) celebrada del 6 al 15 de Mayo de 1987 en Taunus, República Federal Alemana, se analizó la situación de las mujeres, verificándose la existencia de problemas que eran consecuencia de crisis económicas, políticas, o bien resultado de la militarización y de la explotación. Con los considerándos y exigencias planteadas, las participantes acordaron el 15 de mayo de 1987 declarar el 25 de Noviembre como .
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Un visitante de este blog nos envía este texto de gran profundidad:
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BOMBAS

Ya cercanas, ya lejanas; a veces como fuegos artificiales, a veces como golpes en las puertas. Escucharlas, sentirlas; tirarnos al suelo, lejos de las ventanas, a veces llorando, a veces riendo, pero siempre con miedo.

Miedo.

Ya conocía ese miedo. Yo había escuchado las bombas mucho antes de aquella noche inolvidable de la invasión.

Bombas que a veces eran platos rotos, puertas que se tiraban y crujían. Ráfagas de insultos como ametralladoras, explosiones de odio. Heridos y mutilados. Desaparecidos.

Conozco a un tipo que durante los siguientes quince años pasó de manifestación en manifestación exigiendo justicia para su esposa, calcinada en el voraz incendio del Chorrillo. Esa es la historia oficial.

¿La verdad? La mató el machismo con sus celos y sus jumas. La invasión fue su cómplice. En esa larga noche, miles de gritos ahogaron su último grito; las bombas disfrazaron el estallido de los golpes y el fuego se encargó de borrar la sangre. Debajo de los escombros se desintegraron sus restos.

En algún diciembre, muchos años después, otra guerra volvió a tomar por asalto el Chorrillo. La suma de todos los disparos camufló la detonación de uno. Uno sólo, certero, justo en medio de los ojos.

En un solar desolado, donde alguna vez estuvo mi casa, enterré al asesino de mi madre. Es Navidad y la gente anda recogida, por temor a las balaceras. Yo, en cambio, no tengo las más mínimas ganas de regresar al cuartel.
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Giselle Buendía Guevara. (www.minitextos.org)
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¡EN HONOR A TANTAS Y TANTAS!
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