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jueves, 29 de enero de 2009

Nuestros mejores ciudadanos por J. FÉLIX MACHUCA



AÑADAN otro nombre a la lista. Otra ciudadana más que va por libre, lucha por sentirse libre y aspira a que la libertad sea el bien de muchos y no de aquellos que se creen con derecho a administrarla y concederla a los que bailan en su patio al son del pandero del poder. Edith Checa se llama la señora. Y es otro nombre más para añadir a esa pequeña lista de agitadores ciudadanos que no se callan, no se cruzan de manos y apuestan por salvar El Salvador o reflotar las Atarazanas. O Los Bermejales. O gritan hasta despellejarse la garganta desde Pino Montano hartos de que los niños sufran el rigor del invierno sin un mal calentador en el colegio Teodosio. Estos son nuestros mejores ciudadanos. Y hacen lo que cuarenta años atrás hacían muchos de los que hoy están en el poder para rescatar a España de un régimen cerrado, angustioso y paralizante.

A Edith Checa le ha dado por salvar la viva memoria de una ilustre poeta hispanocubana: Gertrudis Gómez de Avellaneda. Y no alcanzo a explicarles en toda su grandeza la intensidad que esta mujer le ha puesto a su trabajo. Ya saben que desde este mismo recuadro les adelanté que a Gertrudis la querían exhumar y llevársela para Cuba en contra de lo que ella misma fijó en su testamento. Con el probable visto bueno de autoridades españolas y cubanas. Se querían llevar a una de las feministas más preclaras del XIX, a la primera antiesclavista de España y a una de las escritoras más libres y decididas que parió nuestro Romanticismo. Pero Gertrudis no se va de Sevilla. Otra de nuestras mejores ciudadanas lo ha impedido.

El próximo día uno de febrero, en el cementerio sevillano, en la tumba de Gertudis Gómez de Avellaneda, se van a dar cita todos aquellos que quieran homenajear a la escritora. Leyendo versos propios o de tan desbordante artista. Algunas de las poetas que allí se citarán van a vestirse de época, muy parecida a la ropa con la que Madrazo viste en su cuadro a la escritora hispanocubana. Y se espera la asistencia de la familia más directa de la poetisa. Localizada por Edith en La Línea, Rafael y Carlos Gómez de Avellaneda, descendientes del hermano Manuel de Gertrudis y residentes en la actualidad en Jimena de la Frontera. Fue la intensidad y el compromiso de Edith con la memoria de la escritora lo que encontró a estos familiares de la poeta. Que al saber de la existencia de su tía-tatarabuela y de las condiciones en las que está su sepultura, así como la probable exhumación de los restos, decidieron ponerse en contacto con el cementerio sevillano para hacerse cargo de la tumba. Uno de los hermanos, Rafael, es escultor. Y desea que Sevilla tenga una imagen labrada por él de su amada tía-tatarabuela, aquella cubana que revolucionó el patio y algunas alcobas de las letras peninsulares.

Todo esto, más la creación de la asociación cultural y literaria «La Avellaneda»; más gestiones múltiples con los descendientes sevillanos (los Aguayo) del hermano del segundo marido de la escritora, Felipe Escalada, en posesión de un interesantísimo ramillete epistolar de los últimos años de Gertrudis; más el propósito de solicitar para Emilia Pardo Bazán y para Gómez de Avellaneda el título de académicas de la Lengua a título póstumo; más un inabarcable bordado de pequeñas puntadas logísticas para poder montar, como Gertrudis se merece, la ceremonia del día uno de febrero... Todo se debe a su esfuerzo y al de los que le acompañaron. Esto es sociedad civil. Sin un duro pero con la extremada fortaleza de los espíritus más libres. Por eso, amigos, hoy comenzaba este artículo de manera feliz, añadiendo un nombre más a esa clase de sevillanos que no se rinden ni se dejan aburrir.

Edith Checa y sus poetas de guardia por la cultura lo han hecho posible parando la violación testamentaria de la escritora. Gertrudis, que tenía dos buenos timbales, descansará hoy más satisfecha que nunca viendo que la libertad en manos de ciertas mujeres es la mejor puerta para acceder a la justicia de la memoria histórica.
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